David comenzó el Salmo 139 celebrando que Dios lo conocía íntimamente (vv. 1-6) y que Él estaba presente en todas partes (vv. 7-12). Como un experto tejedor, Dios no solo formó la complejidad de las características internas y externas de David (vv. 13-14), sino que también lo hizo un ser viviente, al darle vida y la capacidad de relacionarse con Dios. Cuando meditaba en la obra de las manos de Dios, la reacción de David era asombro, éxtasis y alabanza (v. 14).
Los seres humanos son especiales. Dios nos creó maravillosamente únicos y para que nos relacionemos con Él. Como David, podemos alabar al Señor porque somos la obra maestra de sus manos.

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