Valiente

“Soy Oz, el grande y terrible”, rugió el rostro del hechicero sobre las llamas. “¿Quién eres tú, mocoso?”, respondió ella, “Yo soy Dorothy, la pequeña y mansa”. ¿Es así como ve sus interacciones cuando se atreve a hablar con Dios?

Dios no se limita a tolerar las «interrupciones» en su trabajo diario; no le molestan sus peticiones, las acoge con agrado; es más: las ordena. En efecto, extiende su mano y le hace saber que se inclina a decirle sí. Este es el reto que nos hace Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7,8).

Usted ya no es un extranjero o un extraño en la presencia de Dios; por la fe en Cristo, ahora usted es de la familia, pertenece a ella. Actúe como uno que pertenece, sea valiente cuando ore, reclame su identidad comprada con sangre. No está irritando a Dios con su atrevimiento, está honrando la invitación y la promesa que él le hace.

¿Qué tiene que hacer ahora? ¡Pida! ¡Busque! ¡Llame!

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