Cuide de usted mismo

He aquí una característica extravagante de la vida cristiana: cuanto más eficaz se hace un creyente para ayudar a otras personas a volver al Señor, tanto mayor blanco se convierte de los ataques del diablo. Y también: cuanto más eficiente llegue a ser en la comprensión y la explicación de las Escrituras, más fácilmente puede sucumbir al orgullo, a la hipocresía, o al ejercicio y el juego mental para justificar el hecho de que no aplica lo que les ha dicho a otros.

Pablo sabía que tenía que cuidar su corazón: “Así que yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:26,27).  Los que hablan de Jesús también deben escuchar a Jesús. Los que están orgullosos de representar a Jesús también tienen que ser humildes en sí mismos. Los que les dicen palabras de reproche a los que están en rebelión, deben permitir que esas mismas palabras golpeen sus propios corazones. Los que exhortan a otros para que se adhieran a Jesús, también tienen que volver a declarar la propia dependencia de su misericordia salvadora.

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